La sobreoferta de alimentos industralizados y comida chatarra provocan una epidemia de enfermedades crónicas que aumentan los casos de gravedad de COVID–19 en nuestro país

Los adultos mayores son el principal grupo en riesgo de agravarse si contraen COVID–19. Esto explica porqué los países europeos han sido los más golpeados por la pandemia, con una población donde los adultos a partir de los 60 años en adelante son el segundo grupo de edad más amplio, sólo detrás de las personas de 40 a 50 años.

Aunque en México la pirámide poblacional se encuentra invertida (con más niños y adultos jóvenes que adultos mayores), el coronavirus es más letal para los jóvenes en nuestro país debido a otro par de epidemias que parecen incontrolables: la obesidad y diabetes.

México comparte con Estados Unidos el primer lugar mundial en obesidad. Según cifras oficiales, el 75.2 % de mexicanos padece obesidad y el 10.3 % diabetes, un porcentaje que no deja de crecer en los últimos cuarenta años. 

La prevalencia de estas enfermedades crónicas en la población (especialmente en la joven) afecta directamente en el número de hospitalizados por COVID–19 y lo que parecía una ventaja poblacional respecto a otros países, es hoy un problema que agrava los efectos de la pandemia de coronavirus en nuestro país.

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Obesidad y diabetes, una combinación que aumenta la letalidad del coronavirus

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No son pocas las ocasiones en que Hugo López-Gatell, Subsecretario de Salud y principal portavoz nacional de la estrategia contra la pandemia de COVID–19 en México, se refiere a la obesidad, diabetes e hipertensión como enfermedades crónicas que dificultan detener el avance del coronavirus en el país y acarrean consecuencias mortales.

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Este problema es aún más evidente al analizar las defunciones acumuladas según la edad. Aunque la mayoría de casos mortales se concentra en el rango de edad de los 60 años en adelante, existe una prevalencia muy alta en el grupo de 40 a 59 años, siendo el grupo etario de 45 a 49 años el que más defunciones reporta hasta el momento en el país. 

“En la mortalidad hay una diferencia donde predominan personas adultas mayores, pero por otro lado vemos adultos jóvenes que enfrentan enfermedad grave con muertes. Esto es la consecuencia de otras epidemias de enfermedades crónicas (diabetes, obesidad, sobrepeso, hipertensión) donde México ha sido con los países de la mayor carga de estas enfermedades. Se ha identificado su relación directa con la mala alimentación es un problema de salud pública”, explicó López-Gatell.

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La mayoría de casos jóvenes que enfrentaron complicaciones por el COVID–19 tenían alguna comorbilidad, especialmente obesidad, diabetes o hipertensión, enfermedades crónicas asociadas a una mala alimentación que complican su tratamiento y aumentan los decesos dramáticamente. El problema de salud pública es tal, que según el Subsecretario de Salud, estas enfermedades son culpables de la mitad de muertes en el país:

«Estas enfermedades crónicas (obesidad, diabetes e hipertensión, comorbilidades de la COVID-19) están asociadas con la mala nutrición y son graves problemas de salud pública en México. De hecho, la mala alimentación es causante de la mitad de las muertes que hay en México. 

En 2018, murieron más de 722 mil personas. La mitad murió por una causa relacionada con la alimentación, en particular el consumo de tres sustancias y una característica de los alimentos. Exceso de sal, factor de riesgo para la hipertensión; exceso de azúcares, factor de riesgo para la diabetes, y exceso de grasas, factor de riesgo para la enfermedad cardiovascular. Y desde luego exceso de calorías, la medida de energía que tienen los alimentos».

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La sobreoferta de alimentos chatarra, el problema esencial

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Y aunque algunos análisis erróneos pretendan atribuir estas enfermedades crónicas a la gastronomía nacional o los antojitos mexicanos, la evidencia científica desestima las dos premisas anteriores y en cambio, demuestra que el problema esencial no reside en la elección individual de qué comer, sino –en palabras de Hugo López-Gatell– en la monstruosa y monumental sobreoferta de alimentos industrializados de muy bajo valor nutricional y altísimo poder calórico en forma de bebidas o en forma de productos sólidos:

«Lo que comemos no sólo depende de lo que nosotros decidamos comer, sino de lo que está disponible. En México existe una excesiva oferta de estos productos industrializados, y bebidas con altas concentraciones de azúcar. Y es lo que está más disponible, incluso en precio. Conseguir un alimento saludable es más difícil que conseguir uno de estos productos de baja calidad. Y esto es el motor principal de la epidemia que hoy está teniendo un impacto importantísimo en cómo se vive en México la COVID-19», afirmó el Subsecretario de Salud en conferencia de prensa.

No obstante, para lograr revertir esta tendencia hace falta mucho más que conciencia ciudadana sobre los alimentos que forman parte de la dieta diaria y voluntad política. Los ingresos de cientos de empresas que se imponen a las leyes de etiquetados claros o el aumento de impuestos a bebidas azucaradas están en juego y a pesar de que se trata de comida chatarra que no aporte ningún beneficio nutrimental, harán hasta lo imposible por defenderlos.

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